La hora violeta

En Diálogos sobre cultura y ciencia de la depresión entre Sergio del Molino y Carlos Mur, se cita el libro que voy a reseñar.

La hora violeta de Sergio del Molino

Resumen:

Una de las frases que más oye un padre tras la muerte de su hijo es «No tengo palabras». Todo el mundo se queda sin palabras de consuelo en un momento en que los lugares comunes suenan a insulto. Pero Sergio del Molino sí tenía palabras. De hecho, solo tenía palabras, las que forman esta historia de amor titulada La hora violeta. Este libro narra un año de la vida de su hijo Pablo, desde que fue diagnosticado de un raro y grave tipo de leucemia hasta su muerte. La hora violeta no es solo una apasionada carta de amor de un padre a su hijo, sino también la historia de una búsqueda: la de un término para referirse a los «padres huérfanos». Hay tan pocas palabras de consuelo disponibles que el idioma se ha olvidado incluso de reservar un sustantivo para quienes ven morir a sus hijos. Del Molino expresa sin medias tintas la frustración y la angustia de un padre sin incidir en descripciones sensacionalistas del sufrimiento de su hijo. El resultado son unas emocionantes memorias que trascienden la muerte del niño al que están dedicadas.

Nº de páginas: 208

Editorial: Literatura Random House, 2013

ISBN: 9788439727132

Primeras páginas

Autor:

Sergio del Molino (Madrid, 1979) es escritor y periodista. Premio Ojo Crítico y Tigre Juan, entre otros, por La hora violeta (2013), es autor también de las novelas Lo que a nadie le importa (2014) y No habrá más enemigo (2012). Su ensayo La España vacía (2016) se convirtió en un fenómeno editorial y abrió un debate social, cultural y político inédito en España. Además, recibió el Premio de los Libreros de Madrid al Mejor Ensayo y el Premio Cálamo al Libro del Año, y fue reconocido como uno de los diez mejores libros de 2016 en España por la inmensa mayoría de la prensa. Su última novela es La mirada de los peces (2017). En 2013, El Cultural de El Mundo le escogió como uno de los narradores españoles menores de cuarenta años más relevantes. Colabora en diversos medios de comunicación, como El País, Cadena Ser, Onda Cero, Mercurio o Eñe.

Párrafos seleccionados:

Este libro es un diccionario de una sola entrada, la búsqueda de una palabra que no existe en mi idioma: la que nombra a los padres que han visto morir a sus hijos. Los hijos que se quedan sin padres son huérfanos, y los cónyuges que cierran los ojos del cadáver de su pareja son viudos. Pero los padres que firmamos los papeles de los funerales de nuestros hijos no tenemos nombre ni estado civil. Somos padres por siempre. Padres de un fantasma que no crece, que no se hace mayor, al que nunca vamos a recoger al colegio, que no conocerá jamás a una chica, que no irá a la universidad y no se marchará de casa. Un hijo que nunca nos dará un disgusto y a quien nunca tendremos que abroncar. Un hijo que jamás leerá los libros que le dedicamos.

No queremos optimismos desbordados, por más que a ratos nosotros los sintamos. Nos tranquiliza más la cautela.

Hay días en que no necesitamos el disfraz de soldado porque, simplemente somos felices y nada nos hace sentir miserables. Son los días en que nos reconocemos sin vergüenza ni miedo en el espejo.

Pero esta historia la han escrito otros por mí. Yo sólo la estoy llorando.

La pena y yo hemos firmado un acuerdo de convivencia. No la anularé con trucos de psicología barata y ella me dejará vivir. Aunque sea en una hora violeta eterna. Aunque a veces camine por la ciudad hablando con mi hijo muerto y contándole todas las historias que creo le gustaría saber.

Tras finalizar esta lectura comento mis reflexiones en el podcast que forma parte de los envíos semanales por whatsapp. Te invito a escucharlo y a compartir tus impresiones, si lo deseas. Así como sugerencias de libros o testimonios sobre esta temática.

En Facebook he copiado una referencia preciosa relacionada musical y el vídeo con la canción: Saskatoon tonight. Refugio, calma, música que reconforta.

Mis reflexiones en el podcast de esta semana.

Espero que esta publicación te resulte de utilidad. Gracias por leerme.

Prepararse para el sueño

Nos pasamos aproximadamente la tercera parte de la vida durmiendo. Nuestro propio bienestar y calidad de vida dependen en gran parte de cómo funciona el ciclo biológico del sueño-vigilia y la cantidad y calidad del sueño.

Sugerencias para conseguir un sueño reparador:

Me acuesto para dormir solo cuando tenga sueño. Si estoy desvelado, espero levantado realizando alguna actividad monótona, aburrida o soporífera hasta que me entre el sueño.
• Sí quiero dormir durante la noche, es preferible no dormir durante el día.
Evito la cafeína desde la tarde, horas antes de irme a dormir. El mayor consumo de cafeína se relaciona directamente con el aumento del tiempo de latencia del sueño, el tiempo transcurrido desde que me meto en la cama hasta que me quedo dormido. Puesto que la concentración de cafeína en sangre parece que es mayor pasada una hora y media desde su consumo, si tomo café inmediatamente antes de dormirme tendré probablemente más interrupciones del sueño a lo largo de la noche, y si lo tomo a media tarde tendré más dificultades para conciliarlo.
Evito el consumo de alcohol al menos 2 horas antes de intentar dormir. En cuanto al alcohol en pequeñas dosis puede tener efectos adormecedores a corto plazo, suele afectar negativamente a la calidad y duración del sueño. El consumo de alcohol como inductor de sueño o de fármacos somníferos tienen como consecuencia inmediata la conciliación del sueño, lo cual tiende a reforzar el consumo y la dependencia de estas sustancias y a consolidar la creencia de que soy incapaz de dormir si no tomo alcohol o pastillas, Eso es lo único que me ayuda a dormir, sobre todo cuando intento prescindir de estas sustancias y compruebo que se produce una sobreactivación que aumenta la dificultad para conciliar el sueño. Todo ello contribuye al mantenimiento del problema.
• Si fumo y no me propongo, por el momento el abandono del tabaco, evito al menos el consumo de cigarrillos varias horas antes de ir a dormir, debido a los efectos activadores de la nicotina
• Realizo prácticas que favorezcan el adormecimiento y la inducción del sueño, tales como ejercicios de respiración abdominal y relajación. En las horas cercanas al momento de irme a dormir, evito prácticas que me activen, como el ejercicio físico intenso.
Evito las cenas pesadas. En caso de que lo haya sido, espero dos o tres horas antes de acostarme.
Reduzco el consumo de líquidos después de cenar para evitar tener que levantarme al cuarto de baño durante la noche.
No me acuesto con hambre. El consumo por la noche de un vaso de leche, rica en triptófano, precursor de la serotonina, puede favorecer el sueño, por el papel que desempeña la serotonina en esta función.
En caso de despertarme por la noche, no como, ya que, de hacerlo, se puede producir en lo sucesivo el despertar cada vez que tenga hambre.
• Establezco o mantengo de manera igual cada noche rutinas que queden asociadas a la conducta de dormir como señales que indican la proximidad de la hora de ir a dormir y serán como su preludio. Cerrar la puerta, higiene, programar el despertador, el pijama, leer un rato.
Evito las preocupaciones en la cama. Me he acostumbrado a tratar las preocupaciones diarias y a revisar asuntos de importancia en un mismo lugar, a una misma hora, pero no en la cama. Si surgen las pospongo para el momento dedicado a las preocupaciones o la planificación del día siguiente, que puede ser antes de cenar, pero no después de acostarme.
Evito los cambios continuos de posición en la cama en un intento infructuoso de dormir.
Me acuesto y me levanto a la misma hora para sincronizar y normalizar el ciclo vigilia-sueño. Pongo el despertador a la misma hora todas las mañanas y me levanto cuando suena la alarma, independientemente del tiempo que haya dormido durante la noche. Si retraso la hora de levantarme para compensar el tiempo no dormido, desplazo el ciclo y eso hará que la noche siguiente el sueño aparezca más tarde y tendré el problema de siempre. La privación de sueño de una noche hará más probable que pueda tener un sueño reparador la noche siguiente.
No estoy en la cama más tiempo del necesario para dormir. Pasar mucho tiempo en la cama intentando dormir, pero sin conseguirlo, es una manera de habituarse a no dormir.
• Evito exhibir públicamente mi dificultad para dormir para evitar así amplificar el problema y condicionar la percepción y las expectativas que los demás se hacen de mí, lo cual a su vez determina mi propia autopercepción y autoimagen de persona insomne. El hecho de emitir quejas al respecto puede tener el efecto reforzador de la atención social dispensada.
No utilizo mi insomnio como pretexto para eximir de responsabilidades y obligaciones familiares y sociales o para eludir situaciones molestas, lo cual puede tener efectos reforzadores del problema.

Del libro: Si la vida nos da limones, hagamos limonada. Dar sentido a la vida cuando el estrés y la ansiedad nos la complican de Ernesto López Méndez y Miguel Costa Cabanillas. Editorial Pirámide 2016.